16.1.08

LA PAGA DE LA RESPONSABILIDAD

Alicia Rodríguez de Paz Madrid 04/01/2008
Después de años de discusión sobre la conveniencia de que los padres proporcionen una cantidad de dinero fija y periódica a sus hijos, la paga ya no representa un motivo de profunda divergencia entre los expertos. En su mayoría, consideran que ese dinero que reciben los pequeños representa un buen instrumento para iniciarlos en el ahorro y la administración de los recursos, así como en el valor de las cosas: un paso más para ayudarlos en el difícil proceso de convertirse en adultos. Paradójicamente, este consenso aparece consolidado en un momento en que los analistas en mercadotecnia infantil comienzan a detectar indicios de declive en la costumbre de proporcionar una paga a los hijos, frente al empuje de un consumismo rampante y voraz que ni tan siquiera puede esperar a la llegada del día de la asignación semanal.
Edad de inicio. Luciano Montero, doctor en Psiquiatría, fija alrededor de los ocho años la edad oportuna para comenzar a dar una asignación, justo cuando los pequeños ya tienen una formación básica sobre sumar y restar. En todo caso, recuerda, tiene que haber una supervisión de cómo utiliza el dinero. Como otros expertos, considera que la paga resulta un instrumento educativo y "constituye un modo práctico de introducir los conceptos de ahorro, gasto, valor, caro/ barato, necesidad/ capricho". El psicólogo infantil y secretario general del Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, José Antonio Luengo, apuesta por esperar un poco más, hasta la preadolescencia - sobre los once o doce años-, momento en que "empiezan a tener una autonomía incipiente y algunos espacios de ocio con sus amigos". También hay que estar preparado para el proceso de adaptación del pequeño: al principio, lo más común es que se gaste todo lo que recibe, y en una fase posterior la mayoría tiende durante un tiempo a tratar de ahorrar prácticamente toda la paga. ¿Qué cantidad? Luengo se muestra partidario de fijar la asignación en función de las actividades de ocio (ir al cine, a tomar un refresco, comprar unas chocolatinas) que empiezan a disfrutar las chicas y los chicos. El psicólogo especialista en familia Esteban Cañamares propone a los padres que tengan en cuenta también el ambiente en que se mueven y, por supuesto, la capacidad de gasto de la familia. No hay muchos estudios sobre el dinero que reciben con regularidad los niños. Un análisis de la Universidad de Valencia aseguraba que, entre los cinco y los diez años, la paga media ronda los tres euros. Un estudio del Foro de la Infancia y la Adolescencia, hecho público hace unos meses, recogía que hasta el 84% de los encuestados tenía una paga regular. Los de entre 11 y 13 años, recibía una media de 7,8 euros a la semana, mientras que aquellos de entre 14 y 17 años llegaban a los 9,8 euros. En todo caso, el representante de la oficina del Defensor del Menor recalca la necesidad de separar la pequeña cantidad en efectivo que reciben los menores a través de la paga de otro dinero que les puede llegar de sus familiares (por ejemplo, de los abuelos), en forma de gratificaciones o regalos. No es un castigo. Los padres deben evitar convertir la asignación en un recurso habitual para castigar cualquier mal comportamiento. En el caso de revocar de manera reiterada el recurso de la paga, esta pierde su carácter educativo. "Si lo que queremos es que los pequeños vayan adquiriendo autonomía personal y aprendan a administrarse, no podemos quitarles la paga cada vez que no se porten bien", explica Cañamares. De todas formas, los especialistas consultados recuerdan que la paga "no es un derecho, sino una gracia que entra en el juego de las relaciones paternofiliales, así que también debe quedar claro que puede desaparecer por comportamientos inadecuados". La economía familiar. "No está mal que los hijos tengan nociones sobre la economía familiar, no hay por qué tenerlos en la inopia - defiende Montero-. En función de la edad, con dosificación, conviene ir introduciéndolos en las directrices generales del consumo familiar, siempre sin agobiarlos con nuestros problemas". El psicólogo José Antonio Luengo asegura que "no se debe tener miedo a hablar de dinero", y propone además que los progenitores aprovechen precisamente la cuestión de la paga para que los hijos sepan en qué hogar viven, cuáles son las posibilidades económicas de la familiar. "Se puede comentar con toda tranquilidad: ´Mira, como nos hemos comprado una casa nueva, tendremos que reducir algunos gastos´". ¿Para qué ahorrar? Óscar Moliner, director general de Marketing Kids, asegura que la figura del ahorro está desapareciendo del horizonte de los más pequeños. "¿Cómo van a ahorrar si en la mayoría de los casos sus padres viven al día?", se pregunta. Luengo coincide en que la hucha y la cuenta de ahorro empiezan a perder terreno. "Se han ido priorizando valores como la provisionalidad, que en economía se traduce en ´todo lo que tengo me lo gasto´". La pequeña fortuna de la cartilla. A pesar de ello, son muchos los preadolescentes y adolescentes que disponen de una cuenta de ahorro, abierta incluso desde su nacimiento, en la que es posible que se haya acumulado una cantidad significativa. ¿Qué pasa entonces cuando un crío o una cría de trece años tiene una cartilla con mil euros? En opinión de Luengo, "los pequeños pueden opinar, negociar, pero ha de quedar claro que ese dinero no está a su absoluta disposición porque los responsables de su gestión son los padres". ¿Una fórmula desvirtuada? Moliner, de Marketing Kids, va más allá y asegura que, además del declive del hábito del ahorro, han detectado que se está diluyendo el concepto de la paga. "Antes nos administrábamos y, si te lo gastabas todo, sabías que hasta el lunes siguiente no había más. Ahora, en cambio, muchos niños ven la paga como algo anecdótico porque saben que si quieren algo, sólo tienen que pedirlo y lo conseguirán más pronto que tarde. Esto explicaría por qué en las encuestas los niños españoles son los que tienen unas pagas mucho más reducidas que buena parte de las del resto de los europeos". Así, la asignación pierde peso entre los pequeños, arrastrados por su tiranía y protagonismo a la hora de comprar: "Si hubiera paga, sería paga diaria", concluye Moliner. Desde Marketing Kids recuerdan que a edades tempranas "lo quieren todo y no son conscientes del valor del dinero, mientras que los padres se muestran abiertos a compensarlos por el tiempo que no les pueden dedicar". No en vano, la encuesta realizada por el Foro de la Infancia y la Adolescencia ya recoge cómo "en muchos casos" la paga "se incrementa con una suma adicional para sus gastos diarios".

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